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miércoles, 20 de junio de 2018

Mónica Zapata, el lacerante trauma de una activista por la persecución trujillista a su padre

Miguel Cruz Tejada - miércoles, junio 20, 2018



NUEVA YORK._ Mónica Zapata es una de las activistas dominicanas de más arraigo en la comunidad criolla de Nueva York. 



NUEVA YORK._ La activista Mónica Zapata, cuyo padre Félix de la Cruz, fue torturado en la dictadura de Trujillo, sufre todavía el lacerante trauma de la persecución. 

Organiza piquetes y protestas contra todos los políticos que se califican de corruptos, incluyendo al presidente Danilo Medina, al ex presidente Leonel Fernández y otros, pero especialmente Luis Ramfis Domínguez, cuyo abuelo, el dictador Rafael Leonidas Trujillo Molina, dejó un lacerante y permanente trauma en ella, desde que tenía 1 año de edad. 

Y es una de las dirigentes femeninas que siempre está al frente de las protestas locales de la Marcha Verde. 

Su padre, Félix de la Cruz, que era maestro alfabetizador en una escuela rural de adultos del paraje “Las Gordas” en la provincia María Trinidad Sánchez (Nagua) y quien no estaba de acuerdo con los desmanes de la satrapía, fue acusado falsamente de pintar un letrero que decía “Abajo Trujillo” y firmado con su supuesto nombre. 

Eso bastó para que fuera arrestado, encarcelado, vejado, humillado, acusado de “comunista” y torturado, siendo puesto en una lista de ejecuciones por los sicarios de la dictadura en la cárcel pública de Nagua. 

Se salvó, de ser posiblemente ahorcado o acribillado a balazos, gracias a que un hermano suyo era coronel del ejército y logró negociar que lo liberaran para evitar su muerte, pero se vio obligado a abandonar su pueblo y esconderse en recovecos y parajes, donde a los “calieses” (espías y delatores) de la dictadura, les era más difícil encontrarlo. 

Ocurrió en 1959, a pocos días del desembarco de los guerrilleros del 14 de junio, que fueron con el objetivo de iniciar una guerra y derrocar la dictadura, aunque fueron aniquilados por las fuerzas del ejército. 

Ella llama al dictador “La Bestia de El Caribe” y dice que merece peores calificativos. Todavía siente el dolor y la laceración mental de que a la fuerza y en base a mentiras, fue separada de su padre. 

“Fue una situación brutal y tormentosa para toda la familia. Mi madre era muy joven, con diferencia de 30 años de edad con mi padre”, dijo en la entrevista para relatar el acoso y las penurias que atosigaron a la familia por muchos años. 

Zapata dice que pese al dolor sufrido, esa situación le permitió aprender de su padre a desarrollar su posición revolucionaria. Ha militado en el MPD y es una de las principales figuras femeninas de la Marcha Verde en Nueva York. 

“Eso por fue por envidia. Mi papá era un opositor a la dictadura de Trujillo, pero no era comunista, era un hombre que creía que estábamos bajo una férrea dictadura y quizás, eso lo llevó a hablarles a sus estudiantes sobre la necesidad de liberar y democratizar el país”, narra la activista. 

“Él aprovechaba la oportunidad de tener contacto con los estudiantes para exponerles lo que pensaba y sus creencias, aunque trabajaba para el Gobierno”, dijo. 

“Un día, fue apresado en junio del 59 y días después llegó la invasión, y nos apresaron a todos: a mi mamá, a mí y a mis hermanos”, narró. 

Cuenta que a su madre los esbirros del trujillismo, la amenazaron con matarla si no se separaba de su padre, la iban a matar junto a sus hijos y su padre ejecutado por estar conspirando contra el régimen. 

Dijo que su papá fue llevado a la cárcel de Nagua junto a otros luchadores anti trujillistas, muchos de los cuales fueron ejecutados. 

“En esa prisión, mi papá recibió toda clase de vejaciones y torturas. Lo colgaban por días en árboles, lo golpeaban brutalmente, lo quemaban, lo mutilaron, sus uñas le fueron sacadas. Fue una acción monstruosa para él y sus compañeros presos”, añadió. 

Recordó que el hermano de su padre, el coronel, logró sacarlo de manera clandestina para salvarlo. “Hizo un arreglo para sacarlo, después de estar un año y pico preso”. 

La activista dijo que su mamá era una jovencita que no llegaba a 20 años. “Se quedó sola con tres niños, en un campo sin escolaridad ni nada. Nosotros no volvimos a ver a mi papá, hasta unos 5 o 6 años después”. 

El padre de Mónica se debió en necesidad de trabajar en el ingenio Juan Sánchez, donde se mantuvo oculto. “Después que mataron a Trujillo, el nombre de mi papá se hizo leyenda”. 

Ella dice que para ella sigue siendo una fuerte carga emocional lo vivido cuando niña en la época nefasta de la dictadura. 

“Cuando mi papá regresó, ya era un hombre muy mayor y en mi niñez, me perdí los primeros años de mi vida junto a él, por una cosa tan absurda”, agregó entre profundos suspiros y tratando de aguantar las lágrimas, pero con la voz entrecortada. 

“Una persona escribió en una pared Abajo Trujillo y le puso el nombre de mi papá para incriminarlo. “Es absurdo, nadie se atrevía a hacer eso en la dictadura de Trujillo”, añadió Zapata. 

El padre de Mónica murió en 1978 a los 79 años de edad. 

“Él me indujo a leer los clásicos de la literatura y el marxismo, y el conocimiento que tengo sobre la lucha social y el comunismo. Me decía que lástima que él no era un comunista, porque se hubiera ido a las montañas a apoyar a los expedicionarios del 14 de junio”, relata Mónica. 

“Lamentablemente, fue una injusticia de las tantas que se cometían en ese tiempo, terriblemente penosa y terriblemente triste”, dijo la activista.




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