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// Espaillat y el legado de Peña Gómez






NUEVA YORK._ El congresista Adriano Espaillat, quien en el fragor de su activismo político y comunitario, conoció muy de cerca al extinto líder del PRD, el doctor José Francisco Peña Gómez, ha dado un paso de gratitud que lo enaltece como político y legislador federal. 



Sin haber militado nunca en el partido blanco, Espaillat, tomó la iniciativa de someter un proyecto aprobado, con el que Peña Gómez, a partir del miércoles 23 de mayo 2018, figurará en el récord del congreso de los Estados Unidos como una de las figuras señeras no sólo de la República Dominicana, sino también de América Latina, ya que fue uno de los líderes más influyentes en los turbulentos tiempos políticos en el nuevo continente, matizados por las dictaduras, la persecución, asesinatos, deportaciones desde sus propios países, ostracismo y vilipendio a los derechos humanos y constitucionales de quienes se oponían y alzaban sus voces contra la vulneración de las libertades públicas y la libertad de prensa. 



Ese escenario, arropó a una gran parte de nuestros países, en las décadas azarosas de los sesentas y los setentas y especialmente en la República Dominicana, donde un dictador con “guantes de seda”, Joaquín Balaguer, se estatuyó como uno de los lacayos más fieles y entreguistas de la entonces llamada inquisición que contra el “comunismo” en América Latina, llevaba a cabo Estados Unidos a través de la CIA, la Escuela de Las Américas en Atlanta, un antro militar para la formación de torturadores y ejecutores, y usó a figuras tan deleznablemente recordadas como los generales Augusto Pinochet Ugarte en Chile, Stronner en Uruguay, Hugo Banzer en Bolivia, Leopoldo Galtieri en Argentina, Anastacio Somoza en Nicaragua, mientras que en El Caribe, tenía a Balaguer y a Jean Clude Duvalier (Para Doc) en Haití, quienes persiguieron y asesinaron a cientos de sus adversarios, bajo el fútil argumento de que eran “comunistas”. 

Peña Gómez, quien se había inclinado en defensa internacional de frentes revolucionarios como el Farabundo Martí en El Salvador y el Frente Sandinista de Liberación Nacional en Nicaragua, fue uno de sus objetivos. 

Varios atentados y detenciones, con los clásicos expedientes de “conspiración contra el estado”, llevaron a Peña Gómez a la cárcel varias veces y si su liderazgo y discursos, no hubieran conquistado las simpatías de algunos generales y coroneles, no se hubiera muerto de cáncer, sino a balazos o desaparecido. 

Peña Gómez, venía frecuentemente a los Estados Unidos y en los setentas, cuando el brazo militar y de sicariato del Partido Reformista de Balaguer, la Banda Colorá, comenzó a aterrorizar a todo el país, el fallecido líder logró en apoyo del reverendo Jessie Jackson y algunos legisladores en el capitolio a los que llamó “los liberales de Washington”, aunque bajo las intolerantes críticas de grupos radicales que se opusieron. 

Espaillat participó en muchos eventos con Peña Gómez, posterior a la apertura democrática luego de la aplastante derrota que el pueblo le propinó a Balaguer en las elecciones de 1978, eligiendo a Don Antonio Guzmán Fernández como presidente, con más de un millón de votos de diferencia. 

En Washington, el homenaje de esta semana a Peña Gómez, encabezado por Espaillat, pagó tributo y gratitud al legado de un tres veces aspirante a la presidencia, cuyos anhelos fueron aniquilados por Balaguer y sus aliados, en las más brutales campañas raciales, de calumnias y diatribas que haya enfrentado hasta ahora, líder alguno en la historia política de la República Dominicana. 

Se materializó con el fraude colosal en unas elecciones excluyentes y amañadas en 1994, siendo la Junta Central Electoral (JCE), una especie de cuartel que servía de retaguardia política a los balagueristas, y su papel principal era el de legitimar todos los fraudes montados desde el Palacio Nacional. 

Peña Gómez, se identificó plenamente con los dominicanos en el exterior, sus necesidades, inquietudes y sueños. 

Felicito a Espaillat por esta importante iniciativa no partidista, en la que sólo se limitó a honrar los aportes de Peña Gómez, sin tomar en cuenta los colores.



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