La titánica lucha por sobrevivir de Sandra Josefina, víctima mortal de cáncer cervical ~ ´


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La titánica lucha por sobrevivir de Sandra Josefina, víctima mortal de cáncer cervical

Miguel Cruz Tejada - mayo 29, 2016


NUEVA YORK._ Sandra Josefina Trinidad, nació y se crió en mi calle, José María Rodríguez en la parte alta de Moca. Tenía 47 años de edad. Era hermana del camarógrafo de televisión Pedro Rafael Díaz (Bobo). 

NUEVA YORK._ Sandra Josefina Trinidad, murió el viernes en la noche, a causa de cáncer La Cermi o cervical, a los 47 años de edad en Moca.

Desde niña, tuvo inclinaciones al activismo comunitario y social. Se enroló en el club del barrio Las Flores y participó en actividades políticas, como militante del PLD.

Inculcó a sus dos hijos (un varón y una hembra), valores que escasean en esta sociedad degrada.

Fue buena hija, madre ejemplar, hermana cariñosa y amiga entrañable.

Hace alrededor de dos años, comenzó a tener problemas con la menstruación, una amiga de le dijo que se había soñado que ella tenía cáncer, y le recomendó ir al médico.

La quimioterapia no fue suficiente y tuvieron que cortarle y extirparle parte de algunos órganos, tratando de que el cáncer no hiciera metátesis rápidamente, pero los esfuerzos de los médicos no tuvieron éxito.

La letal enfermedad, comenzó a devorarla a velocidad del rayo.

Murió el viernes en su casa de la referida calle, a las 11:00 de la noche, víctima de un cáncer vaginal.

Esta entrevista se la hice el 11 de febrero de este año, un día antes de mi regreso de Moca a Nueva York.

Relató paso a paso, la fatídica transición, la amargura y la pesadumbre que la estaban agobiando, pero nunca perdió la sonrisa, la jovialidad ni el encanto.

Sandra, se enfrentó a su destino, intentando todo lo que fue posible en vida para salvarse, desde campañas publicitarias, hasta eventos recaudatorias con el propósito de colectar el dinero que le hacía falta para mantener el tratamiento, aunque ya no era posible.

El 24 de enero de este año, participé en uno de ellos, que ella organizó en el paraje El Caimito de Moca, para recaudar fondos.

El millonario costo de la medicina, aunque el dinero no la salvaría, le impidió al menos vivir algunos años más.

“Cuando fui al médico para el examen, el resultado fue que me encontraron tres pólipos o quistes malignos y me puse a llorar”, narraba Sandra.

El diagnóstico fue el de La Cermi, un tipo de cáncer cervical, que frecuentemente ataca a las mujeres.

“Luego fui a Santiago para comenzar el proceso de quimioterapia y todavía es la fecha (11 de febrero 2016), que sigo en eso con lo que llevo casi dos años”, añadía.

“Pero ahora, me han recetado una medicina que es muy cara, $173 mil pesos y no he podido conseguir ese dinero para continuar con la quimioterapia”, explicaba Sandra.

Le pregunté que si había acudido a las instituciones que en la República Dominicana, aseguran que ayudan a pacientes pobres.

“Yo he tocado puertas, pero no me las han abierto”, contestó.

-¿Y el gobierno?

-Le entregué una carta a Danilo cuando estuvo en Villa Trina y otra al senador José Rafael Vargas, pero no me han contestado ninguno de los dos, agregaba.

Dijo que tres ampollas del medicamento Abatir 800 cuestan $173 mil pesos. Las inyecciones le eran suministradas combinadas con un suero, un día a la semana.

“El gobierno me cubre la quimioterapia, pero esa cara no. Tengo el seguro SENASA, con una cobertura de $1 millón de pesos al año, pero ya son dos años que tengo en esto”, decía.

“No he descansado de la quimioterapia, pero esa, el seguro del gobierno no me la cubre. No he sentido ninguna mejoría, porque cuando tuve que dejar de darme la quimio, he vuelto para atrás, porque no tengo recursos y esa fue la que me recetaron, pero no puedo comprarlas”, explicó Sandra.

“Este cáncer puede hacer metátesis, si yo me descuido y puedo morir”, refería Sandra en alusión a la advertencia de los médicos.

Cambió totalmente su estilo de vida y la dieta, dejando de comer carnes, ingiriendo vegetales y jugos, no tomaba alcohol y tampoco podía trasnocharse.

Los dolores que la abatían eran extremadamente fuertes, potentes, destructivos, “porque con enfermedad, uno no puede comer nada de eso”.

“Me dan muchos dolores y son insoportables”, contaba.

“Sigo tocando puertas, porque soy madre soltera y viuda, he ido donde funcionarios y empresas y quisiera que me ayudaran, porque soy una mujer muy pobre y después que mi marido Juan Caba, se murió en el año 2000, no he vuelto a tener otros hombres”, relataba Sandra.

Con el señor Caba procreó dos hijos.

En el momento de la entrevista que tenía el propósito de ayudar a colectar dinero, ella no tenía una cuenta en ningún banco.

“Por favor, quienes quieran ayudarme, que me ayuden, que soy una mujer pobre y madre soltera, que lo hagan, porque yo no quisiera morirme ahora, Dios se los recompensará”, dijo concluyendo la entrevista.





AGONIA Y FUNERAL

A mediados de la semana pasada, el cáncer que devoraba a Sandra, comenzó su ruta final de muerte y tragedia.

El miércoles en la noche, ella no pudo más y cayó postrada en la cama de su habitación para no levantarse más.

Minutos de morir, le preguntó la hora a mi esposa Alejandrina Reyes de Cruz.

“Diez para las once”, le respondió, mirando el reloj.

A las 11:00 en punto, expiró.

Murió hablando, preguntando por su hija Keyla a quien llamaba “mi princesa”, por su madre, hermanas y hermanos, primas y muchas amigas y amigos.

Tuvo fuerzas para grabar un mensaje de voz en WhatsApp al padre de la hija, pidiéndole que no la abandone.

Pidió que no le prendieran ni velones, no le hicieran rezos o nueve días, hora santa, que le compraran un ataúd barato, que no le cerraran la boca, como para que no le borraran su terna alegría.

Y en el trayecto de la que fue su casa, hasta la eterna morada, el cementerio, que pusieran una canción de alabanza a Dios, el tema “Flor sin Retoño”, original de Pedro Infante, pero interpretado por el colombiano Charlie Zaa y “Amor Eterno”.

Meses antes de morir, Sandra grabó un video que fue subido a facebook, en el que pedía a su familia, no llorarla ni entristecerse, sino celebrar su muerte, cantando y bailando.

Aparece con un paño en la cabeza y gafas oscuras y baila brevemente en la sala de su casa, aludiendo a que “hay muchos envidiosos”.

Su muerte, ha dejado una estela de dolor y luto colectivo en su barrio y la comunidad mocana en general.





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